Miguel de Cervantes Saavedra

(Alcalá de Henares, 1547-Madrid, 1616)

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El escritor

La extraordinaria fama que ha adquirido Cervantes en todo el mundo como creador de la novela moderna se corresponde muy poco con la que tuvo en vida, en la que, si bien tuvo cierto éxito con el Quijote, pasó por muchas penalidades, vivió desdeñado por los ingenios de su tiempo y murió pobre de solemnidad. Hijo de un cirujano con pretensiones de hidalguía, tuvo que huir a Italia a causa de un incidente en que causó heridas a su oponente. Se enroló como soldado y participó en la batalla de Lepanto (1571), donde fue herido en el brazo izquierdo a consecuencia de lo cual perdió el movimiento de la mano. De vuelta a España, fue capturado por los piratas berberiscos y pasó más de cinco años de cautiverio en Argel hasta que fue rescatado por los frailes trinitarios. Ya en Madrid, cambió varias veces de residencia hasta que en 1608 se instaló en la casa de la calle del León esquina a Francos donde viviría sus últimos años. Lo acompañaban su mujer, Catalina de Salazar, sus hermanas Magdalena y Andrea, su hija natural Isabel de Saavedra y su sobrina Constanza de Ovando, pero al poco murieron sus hermanas y se casó su hija. En los años en que residió en la calle del León Cervantes publicó las Novelas ejemplares (1613), Viaje del Parnaso (1614), la segunda parte del Quijote (1615), y dejó preparada la edición de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, que se publicaría póstuma en 1617. En la dedicatoria al conde de Lemos de esta última, fechada el 19 de abril de 1616, escribió: “Ayer me dieron la Extremaunción y hoy escribo esta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas amenguan, y, con todo esto, llevo la vida con el deseo que tengo de vivir”. Murió tres días después, el 22 de abril. Fue enterrado en la iglesia del cercano convento de las Trinitarias Descalzas, donde en varias ocasiones se han buscado sus restos sin que hasta el momento se hayan identificado con seguridad.

Caricatura de Cervantes

Caricatura del escritor

El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.

Miguel de Cervantes

La extraordinaria fama que ha adquirido Cervantes en todo el mundo como creador de la novela moderna se corresponde muy poco con la que tuvo en vida, en la que, si bien tuvo cierto éxito con el Quijote, pasó por muchas penalidades, vivió desdeñado por los ingenios de su tiempo y murió pobre de solemnidad. Hijo de un cirujano con pretensiones de hidalguía, tuvo que huir a Italia a causa de un incidente en que causó heridas a su oponente. Se enroló como soldado y participó en la batalla de Lepanto (1571), donde fue herido en el brazo izquierdo a consecuencia de lo cual perdió el movimiento de la mano. De vuelta a España, fue capturado por los piratas berberiscos y pasó más de cinco años de cautiverio en Argel hasta que fue rescatado por los frailes trinitarios. A su llegada a España buscó un empleo en la Corte o en América que nunca consiguió. Como recaudador en Andalucía tuvo tan poca suerte que acabó en la cárcel. Al seguir a la Corte a Valladolid, se vio envuelto en un oscuro suceso con muerte relacionado con sus hermanas, su hija y su sobrina, a las que apodaban “las Cervantas”. Sus intentos de triunfar en el mundo literario acabaron igualmente en fracaso hasta sus últimos años, en que, a raíz de la publicación de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha en 1605, alcanzó notoriedad que no se tradujo en dinero. En 1615, en la Aprobación de la segunda parte del Quijote, el licenciado Márquez Torres cuenta cómo varios caballeros franceses se admiraron de que tal ingenio, digno de ser “sustentado por el erario público”, fuese tan pobre. Pero pobre murió, y como tal fue enterrado por la Orden Tercera de San Francisco, a la que pertenecía Cervantes.

… Y EL BARRIO DE LAS LETRAS.

Aunque Cervantes vivió su primera juventud en Madrid, donde fue discípulo del humanista López de Hoyos, su vida, repleta de aventuras y desventuras, lo alejó de la Villa durante muchos años hasta que se estableció definitivamente en ella, siguiendo a la Corte desde Valladolid, en 1606. Ya en Madrid, cambió varias veces de residencia hasta que en 1608 se instaló en la casa de la calle del León esquina a Francos donde viviría sus últimos años. Lo acompañaban su mujer, Catalina de Salazar, sus hermanas Magdalena y Andrea, su hija natural Isabel de Saavedra y su sobrina Constanza de Ovando, pero al poco murieron sus hermanas y se casó su hija. En los años en que residió en la calle del León Cervantes publicó las Novelas ejemplares (1613), Viaje del Parnaso (1614), la segunda parte del Quijote (1615), y dejó preparada la edición de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, que se publicaría póstuma en 1617. En la dedicatoria al conde de Lemos de esta última, fechada el 19 de abril de 1616, escribió: “Ayer me dieron la Extremaunción y hoy escribo esta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas amenguan, y, con todo esto, llevo la vida con el deseo que tengo de vivir”. Murió tres días después, el 22 de abril. Fue enterrado en la iglesia del cercano convento de las Trinitarias Descalzas, donde en varias ocasiones se han buscado sus restos sin que hasta el momento se hayan identificado con seguridad.

Supuesto retrato de Cervantes atribuido a Juan de Jáuregui

Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y estos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuero entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena, algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; este digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, sin el nombre de su dueño. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria.

Miguel de Cervantes, Prólogo al lector de las Novelas ejemplares, 1613.

Autor del artículo: Fernando Doménech

16, 17, 18 y 19 de Junio 2022

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